El olfato en los museos: cómo los aromas transforman la experiencia cultural
Imagina entrar en una sala dedicada a la antigua Roma y, antes de ver siquiera las piezas, percibir el olor a madera quemada, especias orientales y cuero curtido. O visitar una exposición sobre el mar y sentir de repente el aire salado, el alquitrán y las maderas húmedas de un barco. Eso no es ciencia ficción: es lo que hace el diseño olfativo para museos, una disciplina que está cambiando la forma en que el público se relaciona con el arte, la historia y la cultura.
Desde Hermozia, con base en Almuñécar (Costa Tropical, Granada), llevamos años creando aromas a medida para exposiciones, instalaciones artísticas y espacios culturales. En este artículo te explicamos cómo funciona esta disciplina, qué posibilidades técnicas existen y por qué los museos españoles tienen una oportunidad única para integrar el olfato en sus propuestas.
Por qué el olfato es el sentido más poderoso en un museo
El olfato es el único sentido que conecta directamente con el sistema límbico, la zona del cerebro responsable de las emociones y la memoria. Mientras que una imagen o un sonido pasan primero por el tálamo antes de ser interpretados, un aroma llega casi de forma inmediata a las áreas que gestionan los recuerdos y las emociones. Esto tiene una consecuencia práctica enorme: los aromas generan memorias más duraderas y emociones más intensas que cualquier otro estímulo sensorial.
Investigaciones en psicología ambiental muestran que el olfato puede representar hasta un 45% del total de la experiencia en un espacio. En el contexto de un museo, esto significa que añadir una capa olfativa a una exposición puede aumentar significativamente el tiempo de permanencia del visitante, su nivel de implicación emocional y, por tanto, la probabilidad de que recuerde la visita con intensidad.

Los museos que trabajan con geur beleving —como lo llamamos en la tradición neerlandesa donde tiene sus raíces esta práctica— no solo ofrecen más contenido: ofrecen una experiencia completa. Y eso, hoy en día, marca la diferencia entre un museo que se visita una vez y uno al que se vuelve.
Experiencias reales: aromas que han transformado exposiciones
A lo largo de los años hemos tenido el privilegio de trabajar con algunos de los museos más destacados de Europa. Cada proyecto ha sido un aprendizaje sobre cómo el aroma puede amplificar un discurso curatorial.
Para el Rijksmuseum Twenthe, creamos una colección de cuatro aromas para la exposición sobre Marinetti y el futurismo. Los frascos de vidrio con sistema de bomba permitían a los visitantes activar el aroma ellos mismos, generando una interacción directa con la obra. Para el Mauritshuis de La Haya, la pandemia planteó un reto: ¿cómo hacer que la gente huela sin compartir superficies? La solución fue una bomba de pie: el visitante la accionaba con el talón, y el aroma se liberaba justo en el punto de observación de la pintura, sin contacto manual alguno.
En el Scheepvaartmuseum de Ámsterdam recreamos el ambiente de un puerto histórico: madera, brea, sal y sudor. En el Van Gogh Museum tradujimos cuatro pinturas a cuatro fragancias, una experiencia que se desarrolló originalmente para visitantes con discapacidad visual y que acabó abriendo una nueva dimensión para todos. En el Van Abbe Museum de Eindhoven, los aromas se presentaban en recipientes fijados a la pared, junto a las obras, para que el visitante pudiera acercarse y oler de forma íntima y voluntaria.
Cada proyecto parte de la misma premisa: el aroma no es un añadido decorativo, sino una extensión del relato. Se crea a medida, con la misma precisión y atención que cualquier otro elemento expositivo.

Técnicas de presentación olfativa: un abanico de posibilidades
Una de las preguntas que más nos hacen los directores y comisarios de museos es: ¿cómo se presenta físicamente un aroma en una exposición? La respuesta depende del concepto, el presupuesto y las condiciones del espacio, pero las opciones son mucho más amplias de lo que muchos imaginan.
Dispensadores manuales con frasco y bomba
La opción más clásica y versátil. Un frasco elegante con atomizador de mano permite al visitante activar el aroma cuando quiere. Es interactivo, controlable y muy visual. Se puede integrar en vitrinas, pedestales o paneles temáticos. La carga puede durar meses si se gestiona bien la formulación.
Bombas de pie (accionamiento con el talón)
Especialmente útil en contextos donde se quiere evitar el contacto manual —por razones higiénicas o de accesibilidad— y al mismo tiempo mantener la participación activa del visitante. El pie activa la bomba y el aroma se libera en un punto concreto del espacio. Fue la solución que desarrollamos para el Mauritshuis durante la pandemia y ha resultado ser una de las más populares desde entonces.
Scratch and sniff: tarjetas rascables
Una tecnología que encapsula microcápsulas de fragancia en papel especial. Al rascar la superficie, se liberan las moléculas aromáticas. Ideal para material impreso: folletos, fichas didácticas, catálogos de exposición. Permite llevar el aroma a casa, lo que convierte la tarjeta en un recuerdo olfativo de la visita. Es también una opción muy accesible económicamente para museos con presupuestos ajustados.
Columnas olfativas (geurzuilen)
Estructuras diseñadas específicamente para presentar aromas de forma interactiva. Tienen salidas a distintas alturas —para adultos, niños y personas en silla de ruedas— y pueden integrar varios aromas distintos. Son especialmente efectivas en exposiciones didácticas o científicas donde el visitante necesita comparar y explorar.
Noses: esculturas olfativas de pared
Piezas en forma de nariz humana que se fijan a la pared o se integran en vitrinas. El visitante se acerca y huele directamente, como si oliera de forma natural. Es una presentación muy teatral y fotogénica, ideal para exposiciones de arte contemporáneo o instalaciones inmersivas.
Difusión ambiental sutil
Para situaciones en las que se quiere crear una atmósfera sin que el visitante sea consciente de que hay un aroma activo, se pueden utilizar sistemas de difusión controlada que liberan cantidades muy pequeñas de fragancia de forma continua. La clave aquí es la sutileza: el olfato se satura rápidamente, por lo que la concentración debe ser muy baja. Esta técnica se utiliza habitualmente en marketing olfativo —hoteles, tiendas, espacios de lujo— pero tiene también aplicaciones muy interesantes en museos cuando se quiere evocar una época, un lugar o una atmósfera sin elementos interactivos visibles.
Frascos Erlenmeyer y paredes de aromas
Para exposiciones de temática científica o gastronómica, los clásicos frascos de laboratorio permiten presentar una colección de aromas de forma ordenada y visualmente impactante. En la exposición Foodtopia del Museum Boerhaave creamos una pared de Erlenmeyers con aromas alimentarios: mandarina, chocolate, insectos fritos. La presentación en serie invita a explorar, comparar y jugar.

Seguridad: el criterio que nunca se negocia
Trabajar con aromas en espacios públicos requiere un conocimiento profundo de la seguridad química y de las normativas vigentes. Todos los ingredientes que utilizamos en Hermozia cumplen con los estándares de la IFRA (International Fragrance Association), que regula el uso seguro de materias primas aromáticas en distintos tipos de aplicación.
En el contexto de los museos, esto es especialmente relevante por varias razones. En primer lugar, los visitantes tienen perfiles muy diversos: niños, personas mayores, individuos con alergias o sensibilidades respiratorias. En segundo lugar, los tiempos de exposición pueden ser prolongados, especialmente en exposiciones permanentes. Y en tercer lugar, hay que proteger también las propias obras de arte: algunas fragancias pueden, a largo plazo, afectar a materiales orgánicos si no se gestionan correctamente.
Nuestra metodología incluye siempre un análisis del espacio, la selección de materias primas con perfil alergénico mínimo, el diseño de sistemas de presentación que garanticen una exposición controlada y voluntaria, y pruebas de estabilidad para asegurar que el aroma se mantenga fiel a lo largo del tiempo de exposición.
El proceso creativo: cómo nace un aroma para un museo
Crear un aroma para una exposición no es simplemente elegir un perfume bonito. Es un proceso de investigación, diálogo y traducción sensorial.
Comienza con una conversación profunda con el equipo curatorial: ¿qué quiere transmitir la exposición? ¿Qué emociones, qué épocas, qué geografías? ¿El aroma debe ser reconocible o abstracto? ¿Debe evocar algo concreto o simplemente crear una atmósfera?
A partir de esa conversación, comenzamos el trabajo de composición. Utilizamos tanto materias primas naturales como moléculas de síntesis —ambas perfectamente legítimas y complementarias en perfumería profesional. Creamos varias versiones, las probamos en el espacio real o en condiciones similares, recogemos el feedback del equipo y ajustamos hasta alcanzar el resultado deseado.
Algunos proyectos nos han llevado a lugares inesperados. El olor de la cocaína para el Belasting & Douane Museum. El olor de una bodega húmeda para una exposición sobre la Edad Media. El aroma de hierba recién cortada para acompañar las pinturas de campos de girasoles de Van Gogh. En perfumería para museos, nada es imposible: si el aroma existe en la naturaleza —o en la imaginación— se puede recrear.
Oportunidades para los museos de España y Andalucía
En España, el uso del diseño olfativo en museos y espacios culturales está todavía en una fase muy incipiente. Eso, lejos de ser un problema, es una oportunidad enorme. Los museos y centros de interpretación que integren el olfato en sus exposiciones en los próximos años serán pioneros en su campo, con una ventaja diferencial clara frente a la competencia.
Andalucía, en particular, ofrece un contexto extraordinariamente rico para este tipo de propuestas. La región alberga algunos de los patrimonios históricos, arqueológicos y naturales más fascinantes de Europa. La Alhambra, los yacimientos fenicios de la Costa Tropical, la historia del aceite de oliva, las tradiciones vinícolas de Jerez y Málaga, la cultura árabe que impregnó durante siglos la arquitectura, la gastronomía y también la perfumería de este territorio: todo ello son materiales extraordinarios para un trabajo de diseño olfativo.
Imagina un centro de interpretación sobre la presencia fenicia en la costa granadina donde, al entrar en la sala dedicada al comercio mediterráneo, el visitante percibe los aromas de las especias, el vino de miel y la madera de cedro que los barcos fenicios transportaban. O una exposición sobre Al-Ándalus donde los aromas del oud, el azafrán y el agua de rosas de los jardines nazaríes acompañan cada sala. Estas experiencias no solo enriquecen la visita: la hacen memorable, única e irrepetible.
Hermozia: creación de aromas a medida en la Costa Tropical
En Hermozia combinamos más de diez años de experiencia en diseño olfativo con una base en el corazón de la Costa Tropical, en Almuñécar. Esto nos permite trabajar tanto con instituciones culturales a nivel nacional e internacional como con museos, centros de interpretación y espacios creativos de toda Andalucía.
Nuestros servicios para el sector cultural incluyen la creación de aromas a medida para exposiciones temporales y permanentes, el diseño y fabricación de sistemas de presentación olfativa, asesoramiento técnico sobre seguridad y normativa IFRA, talleres formativos sobre perfumería y el sentido del olfato para equipos de mediación, y la producción de materiales olfativos de difusión como tarjetas scratch and sniff o kits educativos.
Si estás pensando en incorporar el olfato a tu próxima exposición o si quieres explorar cómo el diseño olfativo puede transformar la experiencia de tu museo o espacio cultural, nos encantaría conocer tu proyecto.
¿Tienes un proyecto cultural en mente? Escríbenos y hablamos. El aroma adecuado puede convertir una exposición en una experiencia que el visitante recuerde para siempre.